Mi decisión fue vivir en un país distinto para bien y para mal, y cuando las cosas suceden de improviso es difícil coordinar medios de transporte a no ser que se disponga de un avión privado o medios para fletar uno.

Quizás lo único que puedo hacer en este momento es rendirle un pequeño tributo en estas líneas. No va a ser como muchos esperan. Mi padre fue una persona difícil, y no voy a negar que nos hizo la vida imposible por muchos años a mí, a mis hermanos y sobre todo a mi madre. Pero es, o mejor dicho fue mi padre. El me dio la vida, le dio la vida a mis hermanos, ya con eso es un motivo para agradecerle, y mucho.

A lo largo de los años y conociendo poco a poco su vida, aprendí a perdonarlo. Su niñez nunca fue fácil, nacer en la posguerra no es fácil, no conocer a tu papa y haber perdido a un hermano y amigo tampoco lo es. Yo era un niño, pero creo que nunca fue el mismo desde que mi tío falleció. Cuando uno es niño, solo quiere un papa y una mama que le cuiden, no vemos lo que arrastran ellos desde que eran pequeños, no vemos los problemas que tuvieron, solo quieres su atención, toda su atención para ti y desgraciadamente solemos acordarnos solo de las cosas malas.

Por mucho tiempo pensé que solo eran malos recuerdos con mi papa, pero conforme fui creciendo me fui acordando de cosas que había olvidado, como cuando veníamos de un puerto de montaña por una carretera pequeña con muchas curvas y vimos mucha nieve en una ladera y mi papa paró el Renault 12 a un lado y corrimos hacia la nieve, escarbamos un poco y agarramos un puñado para probarla, mi hermano mayor agarró su cámara, era una de esas cámaras de los 80 cuadrada donde montabas flashes de un solo uso y nos fotografió a todos. Mi padre fue al coche y de la parte de atrás sacó una nevera portátil y empezamos todos a poner nieve en ella. Cuando llegamos a la casa ya era de noche, la nevera todavía tenía la nieve y volvimos a probar un poco.

Lo que más recuerdo de mi padre es esos días de montaña, los días tumbados en los prados del Pirineo, el Renault 12 a punto de irse al rio porque no podía subir a la carretera, y las piedras, las piedras que siempre encontraba y se las llevaba en el coche, a veces, pensábamos que se llevaría una montaña entera. Luego usaba las piedras para añadirlas en sus creaciones, ya sea un banco para sentarse, una pared, parte de la fachada de la casa, piedras, hierros, tapas de refresco, botellas de vidrio, cualquier cosa servía.

Toda mi creatividad se la debo a él, también parte de su terquedad y su mal genio, para que engañarnos… por suerte solo un poco.

Miguel Ángel Maderal Lobodirector@grupomaderal.mx